domingo, 30 de septiembre de 2007

La prueba de cargo contra Bush y Aznar

Cada día surgen más datos que confirman lo que ya sabiamos la mayoría de españoles: la guerra de Irak fue una guerra por intereses económicos y estrategicos, Bush se salto las leyes internacionales y Aznar sabiendolo le apoyo. Por eso debemos exigir que sean juzgados como criminales de guerra. Sus manos estan manchadas con la sangre de más de 600.000 iraquies y 200 españoles. ¡BUSH, AZNAR Y BLAIR SON CRIMINALES DE GUERRA Y DEBEN SER JUZGADOS COMO TALES!


El acta de las conversaciones entre el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar, aporta la prueba de cargo de que todas las maniobras diplomáticas antes de la invasión de Irak encubrían en realidad la planificación militar.

Otros documentos, como el llamado Downing Street Memo, de 23 de julio de 2002, han sido muy relevantes. En él, el primer ministro británico, Tony Blair, y sus asesores concluyen en Londres que el presidente Bush había tomado la decisión por aquellas fechas de ir a la guerra y de que era necesario que los datos e informaciones a presentar se correspondieran con dicho veredicto estratégico. Pero las referencias a Bush procedían del jefe de la inteligencia británica (el MI 6), Richard Dearlove, quien regresaba de un viaje a EE UU antes de reunirse con Blair.
En el acta publicada por EL PAÍS el pasado miércoles día 26, es el presidente Bush quien, a puerta cerrada, aporta a Aznar datos sensibles. El primer punto relevante es que a la preparación militar le queda todavía, a partir de ese 22 de febrero, algún tiempo. Bush lo dice con claridad: "Quedan dos semanas. En dos semanas estaremos militarmente listos".

El segundo punto es el calendario de la invasión. Aznar, que ha hablado con Tony Blair, apunta que éste querría llegar hasta el 14 de marzo. Es decir: que la guerra comience después de esa fecha. "Yo prefiero el 10", replica Bush. En otros términos, Bush quiere desencadenar la guerra apenas le informen de que se puede invadir desde el punto de vista militar. Y ofrece a Aznar las fechas en las que el Ejército de EE UU entraría, tras diezmar a las fuerzas de Sadam, en la capital iraquí: "Estaremos en Bagdad a finales de marzo".

Todos estos detalles configuran el cogollo de las conversaciones de Crawford. Las maniobras diplomáticas deben encajar en los planes militares, pero no condicionan de manera esencial el calendario preestablecido.

Esas maniobras para obtener una resolución donde Irak sea acusada de violar la resolución de desarme de la ONU aprobada en noviembre de 2002 definen por adelantado que los inspectores de la ONU, como deja constancia en la conversación Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional, están embarcados en un viaje a ninguna parte. Y la ilusión en obtener una mayoría de votos se basa en la presión potencial que pueda ejercer EE UU sobre países considerados débiles en el Consejo de Seguridad (Chile, México, Angola, Camerún, Guinea y Pakistán).
Aznar apoyó incondicionalmente la aventura, haciendo el papel de estadista-impostor en la cumbre de las islas Azores el 16 de marzo de 2003.
El País
30 de septiembre de 2007

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